Esdrújulo desvarío

“¿Qué sería, pues, de nosotros, sin la ayuda de lo que no existe?”

Paul Valery, Breve epístola sobre el mito.

 

Tomo prestado de José María Rondón, amigo y periodista de la estirpe de Chaves Nogales y de Núñez de Herrera con el que comparto el gusto por el prodigio de la Semana Santa, el título de su artículo homónimo que hasta el momento mejor ha sintetizado en una imagen cromática la locura colectiva que se apodera de las calles de España durante siete días. Esdrújulo de mayúsculo, desvarío desde el plano de la heterodoxia, balcón privilegiado al que asomarse a la fiesta y a todo lo demás. ¿Qué es la heterodoxia? Convendría primero definir su contrario, la ortodoxia, tarea ingrata propia de nominalistas. Entendamos en horizontes sin barreras la ortodoxia como el conjunto de prácticas y discursos oficialistas que refrendan una cristiana, caballeresca e histórica celebración. Entendamos por heterodoxia una visión abierta y plural de la fiesta que más que homogeneizar y catequizar pretende incidir en la pluralidad de la celebración, en sus infinitas formas de comprenderla, amarla y odiarla. Estas visiones conviven en un espacio imaginario que sólo tiene de barroco el traspantajo, la certeza de saberse impostura, de perpetrar un disfraz usado para dotar de arraigo o de visibilidad. Nuestra posición es clara. La Semana Santa es profunda y fundamentalmente heterodoxa, contestataria, se ha perfilado rompiendo sus cauces desde las periferias para después, sólo después, ser resignificada por los agentes hegemónicos, que se la apropian pero no la entienden.

La Semana Santa es moderna, contemporánea, su vinculación con el pasado es una invención estilística, una postura historicista ante la vida cuyo lema es “cualquier tiempo pasado…”, cantinela que ha permitido la revitalización al grito berlanguiano de “Spain is different.” La tradición en la fiesta es imaginaria, un cúmulo de acuerdos no sellados ni tan siquiera percibidos que articulan un rito que es puro presente, hijo del siglo XXI, de sus inquietudes, escalas de valores y expectativas. Y es por ello que el auge en las últimas décadas de la fiesta haya sido el resultado de coyunturas eminentemente modernas: el turismo, el desarraigo, la globalización, la ciberutopía, la fotografía o el fenómeno fan. La fiesta es el resultado de estas dinámicas, y a la vez se ajusta a ellas para representarse ante la sociedad y los medios de comunicación como una continuidad construida de la identidad. La Edad Media queda tan lejos… Aviso también a los críticos con la fiesta desde el plano historicista: no hay nada antiguo o tradicional en la Semana Santa, es el sol del Domingo de Ramos el que la crea y la destruye, se devora así misma como un catoblepas.

Durante años he tratado de investigar desde planteamientos académicos los significados de la Semana Santa sin encontrar respuestas concluyentes. De ahí el desvarío. Quien busque explicaciones al fenómeno no hallará más que prejuicios de sí mismo y con sus letras no podrá más que componer el perfil variable de su pensamiento. No hay explicación convincente para la Semana Santa, ni causas ni consecuencias. Digamos que es el azar, en su sutil grado de justicias, el que reparte las contingencias. Desde el rigor utilitarista se podrían encontrar múltiples conexiones con deidades mediterráneas o con ciclos agrarios. Sin embargo, la Semana Santa es inútil –le superflu, chose très nécessaire según Voltaire-, no busca ni pretende nada, es un salto civilizatorio de miles de personas que sin dirección ni objetivo queman su tiempo en levantar altares a la mudable maravilla.

La Semana Santa es el deseo irrefrenable del ser humano por procesionar, por desfilar. No hay explicación convincente, pero lo hacemos en la cabalgata de Reyes, en Moros y Cristianos, en Carnaval, en Semana Santa, en las fiestas patronales, en las manifestaciones sindicales o en las pasarelas de moda. Parece como si estuviéramos condenados a un continuo procesionar, con el agravante del vouyerismo que permite controlar la calle como un panóptico.

Del frenesí sacan partido los ortodoxos, que utilizan el palco privilegiado de la Semana Santa para perpetuar su verdad. La Iglesia, abandonada el resto del año, se sube al carro pasionario para mostrar su arraigo social, como si los cofrades procesionasen en honor de sus amantísimos dogmas. La clase política fagocita la celebración, especialmente las derechas, cuyo mensaje lleva calando desde el 36 y por el cual sin ellas no habría fiesta ni España, pero también las izquierdas, atontadas por una errónea conceptualización de la modernidad que han dejado devorar a sus contrarios una celebración popular –esperemos que el regreso de Gramsci no sea postureo-. Los ediles despliegan sus símbolos y se presentan como hacedores del rito y, si pudieran, se subirían a los pasos. Los señoritos del ensanche burgués serán por un día más católicos que el Papa y los aspirantes a concejal previo paso por una junta de gobierno aclamarán las delicias locales.

Pero todos sólo son gramos de arena de un inmenso desierto de amantes sinsentido de la Semana Santa, verdaderos artífices del prodigio, constructores anónimos de un vendaval que nos arrastra durante una semana al desvarío, a la modernidad, a la heterodoxia y, siempre, al goce. Todos conforman un poliedro infinito de aristas imprescindibles cuyo sentido radica en nuestra tendencia natural al espectáculo, a procesionar, a participar. Porque, como escribiera Luis Cernuda en Las ruinas: “todo lo que es hermoso tiene un instante y pasa.”

 

Artículo publicado en Diario Hoy, 09/04/2017: http://www.hoy.es/sociedad/201704/09/esdrujulo-desvario-20170409002817-v.html

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Apócrifos e integrados: la Semana Santa heterodoxa

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Participación el 20 de marzo en la mesa “Lo políticamente cofrade” del Triduo heterodoxo organizado por Lamuy junto a Rocío Plaza, Sergio Pascual, Antonio Zoido y David González Romero, en CICUS.

El pregón heterodoxo corrió a cargo de Manu Sánchez: http://cadenaser.com/emisora/2017/04/13/radio_sevilla/1492070538_851508.html

La utilidad de lo inútil

Os invitamos el próximo día 19 de diciembre, a las 19:30 en la librería Tusitala (C/ Meléndez Valdés 6A, Badajoz) a un coloquio-celebración sobre los saberes considerados inútiles. Fernando de las Heras, filólogo y poeta, y César Rina, historiador y profesor, abordarán las fallas del utilitarismo y vindicarán el horizonte de conocimientos humanísticos a partir del manifiesto de Nuccio Ordine: La utilidad de lo inútil. La cultura constituye la espina dorsal de nuestra sociedad y es la herramienta más apropiada para superar el abismo de nuestra existencia, lejos de los criterios cuantitativos y productivistas de los pragmatismos. Os animamos a participar en esta ofrenda a la inutilidad, la belleza y lo que Ordine llama los bienes del espíritu.

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